Berta Prieto regresa a La Abadía con Del fandom al troleo, una sátira ácida sobre el ego digital, el activismo performativo y el exceso de conceptualización que atraviesa a la llamada generación Z.
Cinco mujeres sobre el escenario, humor corrosivo y una puesta en escena que no da respiro: la obra hace reír sin renunciar a interpelar sobre la lógica de la victimización y la urgencia de convertirlo todo en opinión meditada.

Entrevista Berta Prieto Hay tanto ruido que parece silencio.

Información
Título: Del fandom al troleo
Idea / Autoría / Protagonista: Berta Prieto
Producción: Sala Beckett / Teatro de La Abadía (producción propia en colaboración)
Género: Sátira / Autoficción
Formato: Humor, música y lenguajes escénicos mixtos
Reparto: Belén Barenys
Roser Dresaire
Judit Martín
Irene Moray
Laura Roig
Duración: 1 h 40 min
Lugar: Teatro de La Abadía — Sala José Luis Alonso
De qué va (sin spoilers)
La pieza articula varias capas: por un lado, la figura de Ximena White, directora y guionista ambiciosa que ha estrenado en Netflix un biopic comercial —My life is my message— sobre la ciberactivista Paula Miró;
por otro, la propia Paula, icono mediatizado de una corriente que decide “hacerse tonta” como forma radical de evasión del sobrepensamiento.
A partir de estas dos figuras centrales, la obra disecciona la necesidad contemporánea de etiquetar, opinar y performar constantemente, y lo transforma en un vodevil afilado en el que el humor convive con la autocrítica.

Tono y propuesta escénica
Del fandom al troleo es, desde su arranque, una comedia que no se toma la licencia de ser inocua. El humor es la herramienta para desactivar y, al mismo tiempo, para señalar. Se ríe de los mecanismos del circuito cultural (filtrados, algoritmos, marketing de la identidad), pero también de nosotros mismos: de la pulsión por argumentar hasta convertir la vida en una sucesión de conceptos ajenos al disfrute.
La puesta en escena es felizmente musical: la banda sonora acompaña sin invadir, marca ritmos y remata gags. La escenografía y la iluminación, contribuyen a un flujo que mantiene la escucha y la carcajada. La mezcla de lenguajes —performance, monólogo, momento coral— funciona como tablero de juego donde cada intérprete aporta piezas que completan el puzzle satírico.
Las actrices y la construcción coral
El reparto está compuesto exclusivamente por cinco mujeres; no son meras intérpretes aisladas, sino nodos de una red que sostiene la propuesta dramatúrgica. Cada una aporta una tonalidad distinta: la ambición profesional, la sinceridad incómoda, la deriva iconoclasta, el cinismo que pretende salvarlo todo o la ingenuidad convertida en arma. El resultado es un entramado coral en el que ninguna presencia sobra y donde las peticiones de cada personaje conforman el esqueleto de la obra.
Destaca, además, la economía interpretativa: el gag se construye con precisión, la palabra corta y la pausa sirven de remate. El público ríe, y cuando deja de reír —porque la risa siempre cede— aparece la reflexión. Ese vaivén es la gran virtud de la pieza.
Temas: sobrepensar, victimización y la precariedad del sentido
La obra advierte sobre dos fenómenos interrelacionados: el overthinking que convierte la vida en un ejercicio intelectual constante y la victimización performativa que se instala como moneda simbólica. Del fandom al troleo plantea que, tal vez, hemos agotado los conceptos; que la urgencia por etiquetar lo vivible termina por secar la posibilidad de sencillez.
Paula Miró, en su particular transición hacia “ser tonta”, es la metáfora más descarnada: dejar de pensar como estrategia de supervivencia emocional. Es un gesto exagerado —y por ello potente— que la pieza utiliza para preguntar si no estamos todos, de algún modo, consumidos por una necesidad de protagonismo y validación digital que anestesia el disfrute.
Crítica / Valoración
Del fandom al troleo es una obra que consigue exactamente lo que se propone: hacer reír y hacer pensar, aunque, a veces, la risa tape el clamor de la pregunta. Es un espejo divertido y afilado para una generación que convierte todo en teoría sin darse permiso para el disfrute inmediato. La recuperación del humor como herramienta crítica funciona, y la pieza se sitúa como una de las apuestas teatrales más estimulantes de la temporada.
Crítica Nerea FerGom: 7/10