Iván Prados “Un actor tiene que aprender a convivir tanto con el no como con la exposición”

Tras el impacto de Dos tumbas, una de las miniseries españolas más comentadas del último año en Netflix, Iván Prados atraviesa ese momento delicado y revelador que llega después del debut potente: el de la espera, la reflexión y la reafirmación del oficio. Con una mirada lúcida sobre la industria, el rechazo, la exposición mediática y el lugar del actor en un sistema cambiante, Prados reflexiona en esta conversación extensa y honesta sobre el proceso creativo, el aprendizaje junto a referentes como Kiti Mánver, el papel del teatro, el fenómeno fan y los retos del cine español actual.

Artista Iván Prados
Entrevista y Fotografía Nerea FerGom
Agradecimientos Circo de las tapas

NEREA FERGOM: Tras el impacto de Dos tumbas, ¿cómo está viviendo este momento profesional?

IVÁN PRADOS: Lo vivo con muchas ganas de seguir expresándome. Después del estreno y de todo el “boom”, uno piensa que todo va a ir muy rápido, y con el tiempo te das cuenta de que no es así. Aparece un doble sentimiento: por un lado, la ilusión de querer seguir creando; por otro, la paciencia que exige esta profesión. Forma parte del proceso.

NFG: La profesión actoral es especialmente exigente en lo emocional. ¿Cómo se prepara mentalmente para convivir con la espera y la incertidumbre?

IP: En mi caso, afronto cada casting como si fuera el proyecto final. Eso me ayuda a mantenerme activo y a no vivirlo como algo pasajero. Analizo el texto, lo trabajo con honestidad y doy lo mejor de mí, independientemente del resultado. Así mantengo el instrumento —que somos nosotros mismos— en forma. El casting también es formación.

NFG: ¿Cómo se aprende a gestionar el “no” constante?

IP: El “no” es ambiguo, porque muchas veces ni siquiera llega. Simplemente ves el proyecto estrenado y sabes que estuviste ahí. Creo que un actor debe aprender a convivir con el rechazo. Es tan importante como el talento o la formación. Nunca me he planteado dejarlo por no recibir respuestas; al contrario, me retroalimenta. Forma parte del oficio.

NFG: Y cuando llega el “sí”, ¿estaba preparado para la exposición?

IP: No del todo. Cuando me confirmaron Dos tumbas estuve varios días llorando. Pasas de estar preparado para el rechazo a enfrentarte a una exposición enorme. Es una emoción muy intensa, muy expansiva. El primer “sí” importante te abre la cabeza y te coloca en otro lugar emocional.

NFG: ¿Cómo fue el proceso de casting para Dos tumbas?

IP: Fue muy especial. Lo hice mediante self-tape y, curiosamente, fue de los pocos castings que grabé en una sola toma. Sentí que no necesitaba más. Me llamaron para un callback en Madrid, pero nunca llegó… hasta que, después de Semana Santa, me confirmaron que el self-tape había sido suficiente. Recibí la llamada en casa y lo primero que hice fue llamar a mi madre llorando.

NFG: Llegar a una gran producción tras trabajos en teatro y cortometrajes implica un cambio importante. ¿Cómo vivió ese salto?

IP: Fue un aprendizaje desde el desaprendizaje. Venía muy marcado por patrones de escuela, por querer hacerlo “todo bien”. Allí entendí que lo esencial era ser uno mismo, escuchar y vivir el personaje. Yasmina, la coach de la serie, fue clave en ese proceso. Todo lo técnico tiene que estar interiorizado; en rodaje solo puedes estar presente.

NFG: Comparte escena con Kiti Mánver en una secuencia muy exigente. ¿Cómo fue trabajar con ella?

IP: Fue como un máster. Llegué con muchos nervios, pero trabajar con ella fue increíblemente generoso. Me lo puso muy fácil. Aprendí muchísimo sobre escucha, presencia y verdad. Más allá del resultado de la serie, ese aprendizaje no tiene precio.

NFG: Tras el éxito y el reconocimiento, llega de nuevo la espera. ¿Cómo se gestiona ese vacío?

IP: Vuelves a tocar tierra. El rodaje termina, pasa el estreno, y después hay un silencio. Asimilar que la serie ha sido vista en tantos países es extraño, porque tú estás en casa, con tu vida normal. Verme doblado a otros idiomas fue surrealista. A día de hoy aún me cuesta asimilarlo.

NFG: El consumo audiovisual ha cambiado radicalmente. ¿Cómo vive este nuevo ritmo?

IP: No me afecta negativamente. Me gusta saber que el proyecto siempre estará disponible, que alguien puede descubrirlo dentro de un año. Antes, si no veías algo cuando se emitía, se perdía. Ahora permanece. Eso también tiene algo bonito.

NFG: ¿Cree que el fenómeno fan ha cambiado?

IP: Totalmente. Antes era más inaccesible. Ahora las redes sociales humanizan mucho más a los intérpretes. Eso tiene ventajas y desventajas. Yo no soy muy activo en redes, me cuestan, las vivo casi como un trabajo más. También creo que mantener cierto misterio es sano para un actor.

NFG: ¿Siente presión al usar las redes como altavoz público?

IP: Creo que hay temas que no deberían ser tabú. Tenemos una responsabilidad, pero tampoco hay que opinar de todo. Hay que encontrar un equilibrio entre la neutralidad y la coherencia personal.

NFG: Ha reflexionado mucho sobre la industria y el cine español. ¿Cree que sigue existiendo cierto prejuicio?

IP: Sí, aunque está cambiando. Durante años se ha desprestigiado el cine español, y eso tiene raíces históricas y culturales. Ahora se está recogiendo el trabajo de generaciones que han dignificado nuestra industria. Las plataformas también han ayudado mucho a cambiar esa percepción.

NFG: ¿Considera que el cine debe ser más representativo de la diversidad real de la sociedad?

IP: Sin duda. España es un país multicultural y eso aún no se refleja del todo en el audiovisual. Seguimos recurriendo a muchos tópicos. El cine crea referentes y tiene un poder enorme para cambiar miradas. Ahí todavía queda mucho camino.

NFG: ¿Le interesa explorar otras facetas de la industria más allá de la interpretación?

IP: Mucho. Me interesa la dirección y me gustaría, algún día, escribir, dirigir y actuar en un proyecto propio. Sé que es arriesgado, pero es un sueño. Me atrae mucho el lenguaje del plano, la fotografía, todo lo que hay detrás de la cámara.

NFG: Ha trabajado tanto en teatro como en audiovisual. ¿Qué le aporta el teatro como actor?

IP: El teatro es la base de todo. Te enseña concentración, presencia, control emocional y resistencia. La energía es distinta, pero quien viene del teatro suele adaptarse mejor a la cámara. A la inversa es más complicado. El teatro te da una base muy sólida.

NFG: Para terminar, ¿Qué proyecto o recomendación cultural recomendarías a nuestros lectores?

IP: Recomiendo Parthenope, de Paolo Sorrentino. Me atrapó especialmente por su fotografía y su narrativa. Ha sido de lo que más he disfrutado este año

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