Entrevista · Nuria Mencía

La última noche con mi hermano: la hermandad como celebración de la vida

En La última noche con mi hermano, texto y dirección de Alfredo Sanzol, la escena se convierte en un espacio donde la pérdida no clausura la vida, sino que la ilumina. La obra, atravesada por una vivencia real, propone una reflexión íntima y colectiva sobre el duelo entre hermanos —uno de los menos acompañados socialmente— y reivindica la hermandad como vínculo emocional, político y profundamente humano.

Conversamos con Nuria Mencía, intérprete de Nagore, sobre el proceso de construcción del personaje, la tragicomedia como lenguaje de la vida y el papel del teatro en tiempos de consumo acelerado.

“Es un alegato a la vida y a la hermandad”

Cuando leyó por primera vez el texto, ¿qué fue lo que más le atravesó emocionalmente?

Alfredo Sanzol siempre me llena de emociones y de mucha alegría. Esta función me despertó unas ganas enormes de contarla y de transmitirla. Es un alegato a la vida y a la hermandad.

El duelo entre hermanos es uno de los menos acompañados socialmente. ¿Hemos aprendido a hablar de la muerte o sigue siendo un territorio incómodo?

No se habla lo suficiente de la muerte. Es parte de la vida. Tenemos que normalizarla, compartirla, y así nos sentiremos menos solos.

En la obra conviven lo terrible y lo cómico. ¿Cómo se equilibra esa dualidad desde la interpretación?

La vida es tragicomedia. Como actriz, en la ficción, y como persona, en la vida, pasar de un estado a otro me resulta liberador y me hace sentir bien. Esa mezcla es necesaria. Contar historias tragicómicas te acerca al público de una manera muy directa.

Nagore es un eje esencial dentro de la familia. ¿Cómo ha construido el personaje desde la fragilidad y, al mismo tiempo, desde la fuerza que implica aceptar la enfermedad?

Lo he construido de la mano de Alfredo, de su texto, de mis compañeros y de mi intuición. Desde las ganas y el respeto absoluto. Mi objetivo es contar esta historia con esperanza.

La obra reflexiona también sobre la fraternidad como concepto político. ¿Influye nuestra forma de vivir lo privado en cómo entendemos lo público?

Tenemos que ser hermanos siempre, no solo de sangre: en lo social, en lo mundial. Somos diferentes, pero la hermandad y la fraternidad son lo que puede salvarnos. Ponernos en el lugar del otro y aprender.

¿Ha cambiado esta obra su manera personal de pensar la pérdida?

Mi experiencia personal ya me había llevado a reflexionar sobre ello hace tiempo. Hablo de ello y lo comparto para que no se nos olvide —ni a mí misma— que eso está ahí. Que el tiempo bien vivido es oro.

Este proyecto surge también del deseo de volver a trabajar juntos. ¿Qué aporta esa confianza previa?

Agradezco mucho que Alfredo piense en mí para este y para cualquier proyecto. Nos conocemos, nos valoramos y compartimos el objetivo de contar la historia con verdad, desde el mismo lugar y de la mano. Es un proyecto muy emocionante para mí y me hace muy feliz que pensara en mí.

En una cultura marcada por la rapidez y los algoritmos, ¿el teatro sigue siendo un espacio de resistencia emocional?

El teatro, si es bueno y piensa en el público y en lo que quiere transmitir, se convierte en ese espacio. Lo importante es la historia y la comunión con el espectador. El audiovisual también puede conectar mucho, pero el teatro es aquí y ahora: esa sensación no se repite. Pensemos en los contenidos en todas las formas de expresión; lo importante es que nos emocionen y nos hagan pensar.

¿Próximos proyectos?

Gira de la última noche con mi hermano. Participé en la Película “La bola negra”, de Javier Ambrossi y Javier Calvo que se estrena 2 de octubre y estoy rodando dos nuevas temporadas de la serie Atasco para Prime Video. Voy a comenzar a rodar una película … de la que todavía no puedo hablar y que es muy importante para mí.

 Para finalizar, ¿podría recomendarnos una obra artística o propuesta cultural (libro, película, exposición, pieza teatral, música…) que le haya conmovido especialmente en los últimos meses?

En los últimos meses le han conmovido especialmente la obra teatral Gula, de Oriol Pla, y la serie Pubertat.

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