‘La amiga que me dejó’ trata sobre un tema muy íntimo, pero que, a su vez, nos puede apelar a todas. Se habla mucho sobre el desamor, pero existe, claro está, un vacío en la sociedad y en las narrativas acerca de las rupturas de amistad.
Hablamos con Nuria Labari, escritora y periodista española, sobre cómo cuesta más encontrar un refugio, un acompañamiento, un «¿qué tal llevas esta pérdida?».
¿Es este es el motivo por el que decides escribir este libro, para crear más narrativa sobre ello?
Bueno, es verdad que este libro no hubiese existido si no me deja mi amiga, esto es un poco así, y está en el título. Y es verdad que en ese momento, en el primer impacto del duelo, me encuentro con que efectivamente no hay relato, pero tampoco hay muchos espacios para el consuelo, nadie me da horas de desahogo, no se presupone que vaya a llorar a esta amiga.
Este vínculo se rompe después de 20 años y es uno de los grandes duelos de mi vida. Me encuentro con esa falta de espacio, con falta de canciones, falta de películas, falta de libros. Esta otra amiga que era para mí casi un proyecto, bueno, y sin casi, era un proyecto de vida, para mí entraba dentro de mi familia elegida. Y me encuentro con que ahí faltan muchas narrativas, ¿no?
Pero ahí no nace, no es exactamente el germen del libro, sino que entonces me pongo a leer sobre amistad y me encuentro con que hay todo un discurso muy marcado, muy racional, digamos, con muy poco diálogo con la emoción, con muy poco diálogo con la intuición incluso, y me atrevo a decir, con poco diálogo con la pasión.
Entonces, yo estoy en un arrebato, en un duelo, atravesando una amistad desde la pasión —aunque sea desde la herida de esa pasión—. Y me parece que se puede pensar desde ahí, y que nos merecemos quizás tejer un poco más razón con emoción e incluso con intuición, con el inconsciente y desde ahí, desde esa herida y desde ese anhelo, me parece que hay un libro. Incluso que yo puedo llegar a pensar la amistad a partir de esa herida, que es lo que intenta hacer en el fondo el libro.

¿Crees que se ve distinta la amistad o una relación después de la herida?
Eso es lo primero que, una vez que me pongo a hacer el libro, tengo claro que no va a ser un libro de despecho ni un arreglo de cuentas. Yo realmente quiero profundizar en la amistad.
Y tampoco quiero negar eso que pasó. Efectivamente la ruptura hace que el pasado pueda cambiar o pueda resignificarse. O podamos decir, «es que no fue importante, en realidad todo fue un gran malentendido…». Para mí no, yo estaba agradecida a eso que sucedió, que también ha sido una revisión de esos momentos amorosos que se dieron y y a los que yo no quería renunciar.
Y a partir de ahí, pensar cómo nos relacionamos con todo eso, con un vínculo que se rompe, qué hacemos con el amor que se queda, qué hacía yo con ese agujero —cómo vamos a colocar aquí a otra, si acaso hace falta sustituir este vínculo por otro, cuál será, tendrá que ser uno hecho de muchísimo tiempo…—.
Cuando nos abandona a alguien que forma tanta parte de nuestra estructura afectiva, de nuestra identidad, de nosotras mismas, ¿cómo no sentir, como dices en el libro, que cualquiera puede hacerlo?
Claro, sí, hay alguna parte en la que yo me sentía monstruosa y pensaba, bueno, si esta persona que me ha querido y me ha conocido, quizás de quienes más me han querido en el mundo y más me han conocido, elige alejarse de mí, ¿por qué no va a ser eso una pauta? ¿Por qué no lo harán más personas, o más afectos, o más vínculos?

Claro, aparece ahí ese vértigo, esa culpa, esa vergüenza… y también hay que tratar con ello. Y entender que sí, que todos los vínculos pueden dejarnos, que puede pasar, sí. Todos los vínculos que tenemos están rodeados de oscuridad y además tienen derecho a esa oscuridad, tienen derecho a su secreto, tienen derecho a no ser transparentes.
Y hay que dárselo, y hay que arriesgarse. Conseguir sentirnos bien con eso es una liberación en el fondo. Al principio pasé mucho susto en ese algo imposible, en ese algo peor, pero realmente creo que es un caminito —no de superación ni de pensamiento positivo ni de resignación—, pero sí de saberme capaz de poder aceptar la vida y poder aceptar a las amigas con lo que vengan. Y a veces con lo que vienen puede ser unas flores y otras puede ser un adiós.
En el libro veo un proceso de no llevárselo a lo personal, pensar que quizá es que ella tenía otro camino y no es necesariamente que yo haya hecho algo mal. Que no es un abandono por quién eres sino, quizá, por quién es la otra persona.
«Quizá nunca vaya a saber por qué me dejó la amiga que me dejó»
Claro, es que ahí, yo voy dando todas las vueltas y todas las opciones y las explicaciones que buscamos, hasta también llegar a la conclusión de que a veces no hay que buscar explicación, a veces no la hay. Tenemos ese mito de la transparencia que creo que es un poco dañino, no vamos a poder saberlo todo. Quizá nunca vaya a saber por qué me dejó la amiga que me dejó.
Hay una parte de aceptar que esa oscuridad mantiene vivo parte de nuestro deseo y de la individualidad sagrada de la otra persona, que tiene derecho incluso a no saber.
Para que alguien te la ofrezca —esa transparencia— la tiene que tener para sí misma, a lo mejor ni siquiera era el caso. También es una aceptación de aceptar esas cosas que no podemos saber, y nos empeñamos en saberlo todo y tener respuestas para todo, y si no pues se lo preguntamos al chat GPT. Y hay que empezar a distinguir de qué cosas no podemos tener una respuesta.
Intentamos encontrar alivio en la literatura, para entender qué ha podido pasar. Pero, a veces, más que encontrar alivio, intentamos encontrar esa respuesta que no nos dan.
Sí, ocurre mucho con el ensayo. Pero cuando ya vamos buscando respuestas, más que buscar caminos, igual ya vamos mal.
Pero es verdad que el ensayo está más conectado con la razón que con la emoción, por así decir, y yo quería hacer un ensayo encarnado, donde el cuerpo estuviera presente, donde asumiera sus riesgos, sus vértigos, que creo que en mi caso los he asumido y los he sentido. No sólo en la parte expositiva o explicativa, sino sobre todo en los abismos y en los líos en los que me meto para afrontar la escritura de este libro.
Y eso es quizás lo que yo echaba de menos de los ensayos o de los textos sobre la amistad, que era el riesgo literario, que al final siempre es un riesgo no solo racional, sino es un riesgo poético, emocional. Eso es lo que yo he intentado traer a esta conversación.
Parece que la culpa y la vergüenza son mayores cuando te deja una amiga que cuando te deja una pareja.
Sí, es esa vergüenza que sentimos y ese impensable que es que nos deje una amiga. Quienes nos dejan son los novios, las novias, las parejas, mientras que las amigas esperan como una lealtad sin fisuras, ¿qué puede salir mal?
Si solamente somos las dos, si no está atravesado por el deseo sexual… Pero si está atravesado por el deseo y si está atravesado por la pasión, por lo tanto es igual de torbellino, de tumulto y de peligro. No son relaciones necesariamente apacibles, ni aburridas, ni faltas de ardor y de dolor, las pasiones de las amigas.

Pero sí es verdad que estamos empezando a descubrir esos vínculos y a darle su lugar. También a la vez que quizá nos damos cuenta que no hay una jerarquía tan clara entre lo que es mi amor romántico —que igual lo hemos bajado algún escalón— y lo que es mi vínculo amistoso. A lo mejor quiero que mi amiga también sea un proyecto de vida, por qué no, y le quiero hacer preguntas como le haría a mi pareja de, bueno, vamos a vivir en la misma ciudad, separadas, cómo vamos a gestionar los celos, hasta donde esperas tú de mí….
Todas estas son preguntas que no tenemos hechas con todos esos vínculos a los que les hemos puesto encima la misma palabra «amiga», pero donde caben mundos, como creo que cualquiera sabe, distintísimos. Y eso es quizás lo que nos esté faltando graduar.
Relacionado con esto, ¿crees que estamos avanzando hacia una sociedad en la que cada vez se da más peso a la cultura de los cuidados y otro tipo de cuidados, y se está poniendo más en el centro la amistad?
Creo que estamos en esa transición. Estamos, por un lado, pensando mucho —sobrepensando incluso— todos los vínculos, nuestras relaciones, los cuidados… Pero a la vez como que llegamos antes con la razón que con el corazón o que con la emoción, ¿no? Entonces a veces podemos hablar mucho de los cuidados, pero ¿cuánto cuidamos al día?
«Podemos hablar mucho de los cuidados, pero ¿cuánto cuidamos al día?»
Podemos hablar mucho de las relaciones románticas, pero quizá llegamos con unos esquemas muy pensados, pero que no nos han cambiado la emoción, entonces replicamos lo mismo que sabíamos que no había que replicar. Y ahora sacamos también las amistades y las pensamos, pero, ¿cómo las vamos a encarnar? Entonces yo creo y deseo que estemos entrando en una en una fase más profunda, más emocional, donde a la razón le pongamos un poco de corazón también para encarnar de verdad esos discursos amorosos o de cuidado que estamos teniendo.
Pero hay veces que entender las cosas o aprender algo no es aprehenderlo, con esa intimidad y con ese cuerpo que tenemos que poner para dar el salto que hay de la teoría de los cuidados a estar cuidando por las tardes.
Y a su vez está como menos establecido, por ejemplo, lo que podemos exigirle a una relación de amistad que a una relación de amor romántico. parece que los límites están más difusos.
Sí tengo la impresión, no solo a nivel íntimo, sino sociológico, de que a las relaciones de pareja les hemos puesto 8.000 apellidos, analizamos cómo nos relacionamos, cómo creamos el amor a través de la tecnología, analizamos las aplicaciones de citas, hemos pasado del amor romántico pero también por las relaciones abiertas…
Y en la propia cotidianidad, la lista de las cosas que se hablan en pareja es infinita —cuánto proyectamos hacia adelante, cuándo pensamos si vamos a vivir juntos, si vamos a ver o no a otras personas, qué lugar ocupas en mi vida y qué hacemos con los celos y cuáles son las reglas de llegar a casa, avisar al llegar o no, cómo van a ser las comunicaciones…—.
Y con las amigas muchas veces hablamos de esa lista, hablamos de cómo es nuestra relación romántica… Son las que van tomando nota, un poco las notarias de nuestros otros afectos, y creo que nos faltan —o desde luego a mí me han faltado— conversaciones con cómo queremos que sea nuestra amistad, cómo la entendemos, qué espacios nos vamos a dejar, cuánto tiempo necesitamos, qué es para ti mucho, qué es para mí poco, qué espero yo de ti, o que puedas esperar de mí.

No hace falta hablarlo con una amiga que acabas de hacer, pero creo que todos tenemos esas amigas con las que creemos que vamos a atravesar el tiempo. Yo lo atravesé con esta amiga, 20 años es un montón de tiempo. Y te diría que hablamos poquísimo de nosotras en comparación con todas las cosas de las que hablamos.
Ojalá el libro despierte el deseo de ir a hablar con una amiga, no hace falta que sea una que hayas perdido, sino con esos que celebras y conservas, para hablar un poco de cómo imaginamos o cómo se imagina esa relación, ese lugar de la otra, dónde está. Y también imaginar incluso esa posible ruptura, cómo nos gustaría atravesarla.
Parece que las amigas no iban a ser esas que nos hicieran ghosting, pues sí, de pronto me hace ghosting una amiga que es lo que no cabía en mi cabeza y bueno, irnos poniendo esa gramática de cuidado y esa capa de pensamiento y de reconocimiento mutuo que nos permita transitarlo juntas más amorosamente.
En el libro, haces un símil entre la literatura y la amistad como un sitio en el que encontrar refugio. Dices «la buena literatura, como los buenos amigos, vuelve liviana la pesada capa del tiempo».

Es que es así, por eso me apetecía afrontar literariamente la amistad y llegar a este tema con riesgo, con cuerpo, con con emoción. Porque al final, leemos para eso, ¿no? Para esa capa de tiempo hacerla liviana o desgarrarla directamente.
La buena literatura atraviesa el tiempo y nos permite, a pesar de que nos digan que el tiempo va sólo en una dirección, pues será, pero nosotros vamos en todas las direcciones, vamos hacia atrás, vamos hacia adelante… Y cargar con tantas de las rigideces de la vida a mí me parece insoportable sin literatura.
A veces creo que hacen falta las ideas y los ensayos, el conocimiento, para entender la vida; pero la literatura y la poesía para saber que podrás soportarla.
Entonces, bueno, también para eso, todo habrá que vivirlo. Para todo lo que vamos a tener que atravesar, como puede ser el duelo, la pérdida de esa amiga… Creo efectivamente que nos hace falta aliento poético y eso es lo que yo me he dado a mí misma y he intentado compartir con las demás y los demás.
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