Edu Rejón atraviesa uno de los momentos más estimulantes de su carrera. Tras consolidarse en títulos como Segundo Premio, Operación Barrio Inglés, 8 apellidos marroquíes o Un fantasma en la batalla, el actor afronta un verano marcado por dos estrenos cinematográficos de gran interés: Todos los colores, ópera prima de Beatriz de Silva, y 9 lunas, la nueva película de Patricia Ortega.
Dos historias muy diferentes entre sí que comparten una mirada hacia los procesos de transformación, la identidad y el acompañamiento. A ello se suma su regreso al teatro con El día de mi boda, una comedia escrita por él mismo que llegará a Madrid tras el verano.
En conversación con NouArte, Edu Rejón reflexiona sobre la construcción de personajes, la masculinidad, el valor de las historias y el momento que vive como actor y creador.

Artista: Edu Rejón
Entrevista: Nerea FerGom
Agradecimientos: Gran Vía Comunicación
Este verano llegas a los cines con dos películas muy distintas, Todos los colores y 9 lunas. ¿Qué te atrajo de cada proyecto y qué te permitieron explorar como actor?
Lo primero, muchas gracias por vuestro interés, por vuestro tiempo y por este espacio para acercarnos a los espectadores.
En ambos casos me conquistaron los guiones, pero incluso antes de leerlos me entusiasmó la posibilidad de trabajar con Beatriz de Silva y Patricia Ortega. A Bea la tenía muy presente desde que vi su corto Tula, que me pareció maravilloso tanto por la historia como por el trabajo de Tamara Berbés. Y de Patricia ya admiraba Mamacruz, por su humor y por esa mirada tan personal que tiene sobre las historias.
En Todos los colores interpretas a Santi, un entrenador que acompaña a una joven en un momento decisivo de su vida. ¿Qué importancia tienen los personajes que ayudan a otros a encontrar su camino?
Me gusta mucho que lo definas así porque precisamente esa era la sensación que tenía con Santi: la de acompañar.
Hay personajes cuya función dramática es provocar cambios muy claros en los demás, pero Santi está ahí para sostener procesos, para estar presente tanto para Laura como para Belén.
Y eso tiene mucho sentido también desde su profesión. Un entrenador acompaña. Igual que lo hacen unos padres, un maestro o una pareja. Al final, los caminos cobran sentido cuando hay alguien con quien compartirlos.
9 lunas aborda cuestiones relacionadas con la identidad, la transición y los distintos modelos de masculinidad. ¿Qué conversaciones te gustaría que despertara entre el público?
Ojalá cada espectador encuentre la conversación que necesita.
Es evidente que Patricia quiere visibilizar una realidad concreta y hacerlo además desde un lugar luminoso, pero creo que cualquier buena película funciona también como una metáfora.
Todos hemos atravesado cambios importantes. Todos hemos sentido miedo, apoyo, dudas o resistencia por parte de quienes nos rodean. La película habla de una experiencia muy concreta, pero también de todas esas transformaciones que vivimos como personas.
Tu personaje representa una determinada forma de entender la masculinidad. ¿Crees que el cine está ayudando a cuestionar esas ideas tradicionales?
Sin duda. El cine, la literatura y el arte siempre sirven para abrir preguntas.
En realidad, la película no presenta una única forma de ser hombre, sino varias maneras de entender lo masculino y también lo femenino.
Hay momentos en la vida en los que actuamos porque creemos que eso es lo que se espera de nosotros como hombres o como mujeres, aunque quizá no sea lo que realmente sentimos. Explorar todo eso con este personaje fue una experiencia muy divertida y muy enriquecedora.

Antes de dedicarte plenamente a la interpretación estudiaste Derecho y viviste en numerosos países. ¿Qué aportan hoy esas experiencias a tu forma de construir personajes?
Mi maestro Fernando Piernas siempre dice que los actores trabajamos con «lo vivido y lo visto vivir». Me parece una definición preciosa.
Haber vivido en distintos países me ha permitido interpretar personajes que quizá de otra manera no habría podido hacer. Por ejemplo, Gianni en Operación Barrio Inglés o el proyecto alemán que voy a rodar ahora.
Durante mucho tiempo pensaba que venir de un mundo completamente diferente al de la interpretación era casi una desventaja. Ahora siento justo lo contrario: todo suma. Todo alimenta el trabajo del actor.
Y, de hecho, hace poco me di cuenta de algo curioso: cuando vivía en otros países, aprendía idiomas o me adaptaba a nuevas culturas, ya estaba interpretando personajes sin ser consciente de ello.
Has trabajado en cine de autor, grandes producciones internacionales, televisión y teatro. ¿Qué buscas hoy al elegir un proyecto?
Lo primero, poder seguir viviendo de esto (ríe).
Pero, más allá de eso, intento encontrar un equilibrio entre construir una carrera y no olvidar nunca por qué empecé.
Hace poco escuché al director Ian de la Rosa decir algo que me gustó mucho: que en el camino por vivir de esta profesión no debemos perder la llama que nos hizo empezar.
Es como una relación de pareja. En el día a día no puedes olvidar por qué elegiste a esa persona. Pues con esta profesión intento hacer lo mismo.
También tienes pendientes varios estrenos para televisión y plataformas. ¿Estamos viviendo un buen momento para los intérpretes españoles?
No he vivido otras épocas y sería difícil comparar, pero sí da la sensación de que existe una gran actividad.
En muy poco tiempo he participado en una producción española, una estadounidense y ahora voy a rodar una alemana.
España se ha convertido en un lugar muy importante para la producción audiovisual internacional y eso genera oportunidades para muchísima gente que trabaja en este oficio.
A partir de septiembre regresarás al teatro con El día de mi boda, una obra escrita por ti mismo. ¿Qué te aporta la escritura que no encuentras en la interpretación?
No siento que una disciplina sustituya a la otra; más bien se complementan.
Escribir me ayuda muchísimo a entender el trabajo de quienes crean las historias y, cuando actúo, puedo ponerme también en el lugar del guionista.
Y cuando escribo ocurre justo lo contrario: soy consciente de que esas palabras las tendrá que decir un actor y necesito darle herramientas para construirlas.
Como actor formas parte de una orquesta. Cuando escribes, eres quien compone la partitura.
Muchos de tus personajes recientes atraviesan procesos de cambio. ¿Te interesan especialmente esas historias?
Creo que eso tiene que ver con la suerte que he tenido de trabajar con guiones muy bien escritos.
Desde Morir, de Fernando Franco, hasta estas dos películas, todos los personajes han tenido conflictos muy humanos.
Y al final todos estamos buscando nuestro lugar en el mundo. Quizá esa sea una de las grandes preguntas de la vida.
Estás viviendo uno de los momentos más activos de tu carrera. ¿Cómo lo afrontas y qué te gustaría que descubriera el público de ti?
Desde Segundo Premio el trabajo ha ido llegando con mucha más continuidad y me siento muy agradecido por ello.
Lo primero que deseo es que el público vea las películas y las disfrute.
Y respecto a mí… ojalá no me vean a mí. Ojalá vean únicamente a los personajes. Ese sería el mayor reconocimiento posible para un actor.
Si tuvieras que encontrar una idea común entre Todos los colores, 9 lunas y El día de mi boda, ¿cuál sería?
Las tres hablan de personas que afrontan cambios muy importantes en sus vidas.
Todos hemos vivido momentos así: empezar un trabajo, mudarte, iniciar una relación o tomar decisiones que cambian el rumbo de las cosas.
Y, además, las tres lo hacen con mucho sentido del humor.
Para terminar, ¿qué historias sientes que todavía te quedan por contar?
Muchísimas.
En cine, teatro, televisión o simplemente alrededor de una mesa.
Contar historias nos une, nos mantiene conectados y nos ayuda a entendernos mejor.
Como cantaban Celtas Cortos: «Cuéntame un cuento que me pone contento…»
Y creo que, en el fondo, de eso va todo.
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