Hay personajes que no abandonan nunca a quienes los interpretan. Personajes que permanecen habitando la memoria, el cuerpo y la mirada mucho después de bajar el telón. Eso fue lo que le ocurrió a Pilar Ávila con Bernarda Alba.
Después de interpretar durante años al icónico personaje creado por Federico García Lorca, Ávila sintió la necesidad de regresar a aquel universo para imaginar qué ocurrió ocho años después de la muerte de Adela. Así nació Bernarda y Poncia, una continuación teatral avalada por el hispanista Ian Gibson que puede verse cada viernes en el Teatro Lara.
Dirigida por Manuel Galiana y protagonizada por la propia Pilar Ávila junto a Pilar Civera, la obra explora los silencios, las culpas y las heridas que Lorca dejó abiertas en La casa de Bernarda Alba.
En conversación con Nerea FerGom para NouArte, Pilar Ávila reflexiona sobre memoria, represión, patriarcado, teatro clásico y la necesidad de seguir dialogando con Lorca desde el presente.

Artista Pilar Ávila
Entrevista Nerea FerGom
En colaboración Teatro Lara
NFG: Bernarda y Poncia imagina qué ocurrió ocho años después de La casa de Bernarda Alba. ¿En qué momento nace la necesidad de volver a ese universo?
PA:
Desde que el personaje de Bernarda Alba entró en mi vida. Me ofrecieron interpretarlo en un montaje sobre La casa de Bernarda Alba y tuve la enorme suerte de poder habitarlo durante cinco años. Tiempo más que suficiente para crear un vínculo muy estrecho entre personaje y actriz.
Mi pensamiento empezó a preguntarse cosas… y el personaje me respondió. Bernarda empezó a contarme.
“Quería desnudar el alma de una mujer aparentemente impenetrable”
NFG: ¿Qué fue lo primero que sentiste que aún quedaba por contar de Bernarda y Poncia después del final que escribió Lorca?
PA:
El alma de una vida. Lo que guardamos sin atrevernos a gritar. Lo oculto bajo las apariencias.
Me interesaba desnudar emocionalmente a una mujer fría, aparentemente impertérrita incluso ante el mayor de los dolores: la muerte de una hija.
NFG: Lorca dejó muchos silencios y preguntas abiertas. ¿Cuál era la gran pregunta que necesitabas responder con esta obra?
PA:
Necesitaba comprender el porqué de tanta tiranía. Creo que solo un dolor inmenso puede conducir a semejante insensibilidad.
Y ahí estaba el misterio que necesitaba resolver.
“Escribirla e interpretarla fue una auténtica comunión”
NFG: Además de escribir la obra, interpretas a Bernarda. ¿Cómo ha sido enfrentarte al personaje desde el lugar de autora y actriz?
PA:
Ha sido profundamente emocionante. Una auténtica comunión con el personaje.
A medida que escribía, iban apareciendo respuestas que me permitían alcanzar un entendimiento mucho más sincero y legítimo de Bernarda. Desde ahí, el trabajo actoral casi surge solo: vestir de emoción y sentimiento las palabras.

NFG: Bernarda suele verse como una figura dura, incluso monstruosa. ¿Te interesaba humanizarla?
PA:
Siempre hay que intentar entender antes de juzgar. Tendemos a mirar solo la fachada de las personas y olvidamos sus circunstancias.
Hace falta abrir la casa por dentro para comprender qué hay detrás de alguien aparentemente implacable.
NFG: ¿Qué descubriste de Bernarda durante el proceso de escritura que no habías visto antes?
PA:
Me sorprendió absolutamente todo. Yo siempre he considerado a Bernarda la mayor víctima de La casa de Bernarda Alba.
Descubrí un dolor descomunal. Un sufrimiento tan profundo que terminó anulando su capacidad emocional. La fuerza se convirtió en el único mecanismo posible para seguir sobreviviendo.
NFG: La obra está atravesada por la culpa, el silencio y el peso del pasado. ¿Crees que esas heridas siguen presentes hoy?
PA:
Desgraciadamente sí. Vivimos en una sociedad cada vez más fragmentada y seguimos sin saber convivir respetando plenamente la libertad individual.
El pasado continúa instalado silenciosamente en un presente cada vez más convulso.
NFG: En la función se percibe el peso de las mujeres obligadas a sobrevivir bajo normas impuestas. ¿Sientes que la obra dialoga con el presente?
PA:
Completamente. Los dolores que aparecen en la obra son universales.
Seguimos arrastrando un peso costumbrista muy fuerte: esa distancia entre lo que se espera de ti y lo que realmente deseas como persona libre. Quizá ahora seamos más conscientes y nos rebelemos más frente a la imposición. Y eso es importante para construir sociedades más justas.

“BERNARDA Y PONCIA”: EL SPIN-OFF LORQUIANO QUE NO SABÍAMOS QUE NECESITÁBAMOS LLEGA AL TEATRO LARA
NFG: ¿Cómo trabajaste el equilibrio entre respetar el universo de Lorca y encontrar una voz propia?
PA:
Desde el respeto absoluto. El universo lorquiano es único y profundamente admirable.
No se puede imitar. Solo puedes aportar algo desde la honestidad y desde el deseo de que su legado siga vivo.
NFG: Tener el respaldo de Ian Gibson imagino que también impone cierta responsabilidad. ¿Cómo recibiste su apoyo?
PA:
Ian forma parte esencial de Bernarda y Poncia. Cuando terminé el primer acto sentí que necesitaba una mirada profunda y sincera, así que le envié el texto.
Su respuesta fue: “Tienes que terminar esto”.
Después hicimos una lectura completa juntos y fue profundamente emocionante. Siempre dice que esta obra era necesaria.
NFG: ¿Sentiste vértigo al enfrentarte a una obra tan querida por generaciones?
PA:
No sentí miedo. Ahora pienso que quizá fue pura inconsciencia.
Partí de algo muy simple: sentía que estos personajes necesitaban seguir hablando.
NFG: La obra transcurre durante un sofocante día de verano. ¿Qué importancia tiene esa atmósfera?
PA:
El calor representa asfixia, opresión, encierro. La vida de estas mujeres fue una cárcel de barrotes invisibles.
Ser mujer en aquella sociedad significaba no tener voz ni libertad de decisión. Esa sensación tenía que respirarse constantemente en escena.
NFG: ¿Cómo ha sido trabajar bajo la dirección de Manuel Galiana?
PA:
Un privilegio absoluto. Manuel tiene una sensibilidad enorme y una experiencia inmensa.
Sabe trabajar desde la emoción y entender exactamente qué necesita cada escena. Es paciente, exigente y profundamente humano.
“Con Pilar Civera existe una complicidad absoluta”
NFG: Compartes escenario con Pilar Civera en un duelo interpretativo muy intenso. ¿Cómo ha sido construir esa convivencia?
PA:
Muy fácil, afortunadamente. Ya habíamos trabajado juntas y entre nosotras existe muchísima complicidad dentro y fuera del escenario.
No podría haber tenido mejor compañera de viaje.
NFG: Hay momentos profundamente desgarradores en la obra. ¿Cómo se sostiene emocionalmente una función así?
PA:
Desde la verdad. Entiendo el teatro como un espacio donde hay que sentir y hacer verdad constantemente.
La verdad sostiene todo.
“Bernarda fue la mayor víctima del sistema”
NFG: ¿Crees que Bernarda fue también víctima del sistema que defendía?
PA:
Absolutamente. Para mí es la mayor víctima del drama.
Fue mártir de un sistema patriarcal asfixiante y de una vida sin libertad. Nunca fue dueña de sí misma. Y no existe castigo más grande que ese.
NFG: La obra habla de patriarcado, clase social, represión y miedo al qué dirán. ¿Por qué Lorca sigue siendo tan contemporáneo?
PA:
Porque, por desgracia, todo eso sigue estando muy presente.
NFG: ¿Qué tiene el teatro clásico para seguir conectando con nuevas generaciones?
PA:
Los clásicos contienen una sabiduría inmensa sobre la condición humana. Hablan de justicia, dolor, fuerza, libertad, miedo…
Son referentes fundamentales para entender quiénes somos.
NFG: La Sala Lola Membrives genera mucha cercanía con el público. ¿Cómo influye eso en la experiencia?
PA:
Muchísimo. Es una obra íntima y esa cercanía crea un vínculo muy especial entre actor y espectador.
El público siente que está dentro de la historia y para nosotros como actrices esa conexión es muy poderosa.
“Lo más bonito son las miradas emocionadas”
NFG: ¿Hay alguna reacción del público que te haya marcado especialmente?
PA:
Las miradas emocionadas al terminar. Esa sonrisa agradecida mientras aplauden.
Y, sobre todo, las palabras que nos dicen después desde un lugar muy sincero y profundamente conmovido.
NFG: ¿Qué te gustaría que el público se llevara consigo al salir del Teatro Lara?
PA:
La emoción. Porque aquello que emociona permanece en la memoria y se salva del olvido.
NFG: Después de convivir tanto tiempo con Bernarda, ¿qué has aprendido de ella?
PA:
He aprendido su fuerza y su capacidad de resistencia.
Me ha enseñado a no rendirme, a mantenerme firme ante la adversidad y a defender aquello que amo sin perder la honestidad. Es un personaje que siempre formará parte de mi vida.
NFG: Y para terminar, pregunta fija de NouArte: recomiéndanos una obra, libro, película o experiencia cultural que te haya emocionado recientemente.
PA:
Como obra teatral diría La aventura de la palabra, en el Teatro Fernán Gómez, dirigida por Juan Carlos Pérez de la Fuente e interpretada por Nancho Novo y Marta Poveda. Me pareció un espectáculo precioso y profundamente delicado alrededor de la figura de Fernando Fernán Gómez.
Como libro, sigo volviendo a Ensayo sobre la ceguera.
Y musicalmente disfruto muchísimo de artistas muy distintos, desde Luis Eduardo Aute hasta Rosalía.
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