Delphina Bianco: «El teatro me enseñó a llenar el espacio; el cine me está enseñando a habitarlo»

La actriz argentina Delphina Bianco habla con NouArte Magazine sobre sus últimos trabajos, la construcción de personajes, su recorrido entre el teatro y el audiovisual y la importancia de una representación trans que permita a sus personajes existir más allá de su identidad.

Delphina Bianco ha construido una trayectoria que atraviesa distintas disciplinas y lenguajes. Formada inicialmente en la danza y vinculada desde sus comienzos al teatro, la actriz argentina ha desarrollado también una carrera en el audiovisual, con títulos como Miss Carbón y Mi querida señorita, dos proyectos que le han permitido acercarse a personajes y universos muy diferentes.

En Miss Carbón, Bianco interpretó a Marcela Chocobar, una mujer trans cuya historia parte de un caso real. En Mi querida señorita, la actriz dio vida a Patricia en la nueva versión dirigida por Fernando González Molina, una relectura contemporánea del clásico de 1972 protagonizado por José Luis López Vázquez.

Su trabajo también se extiende a proyectos vinculados con la identidad, la moda y la representación, como Protagonistes, mientras que su llegada a Segunda temporada supone para ella otro paso en esa búsqueda de personajes diversos.

Hablamos con Delphina Bianco sobre cómo construye personajes que continúan existiendo más allá de lo que vemos en pantalla, lo que el teatro le ha enseñado, aquello que ha aprendido al trabajar en España y los cambios que todavía necesita experimentar la representación trans en el audiovisual.

Artista: Delphina Bianco
Entrevista: Nerea FerGom
Agradecimiento: Francina Actors

Entrevista

NF — Has estrenado Miss Carbón en 2025 y Mi querida señorita en 2026. ¿Qué ha cambiado en tu forma de estar en un set entre el primero y el último de estos proyectos?

DB — Ambos fueron proyectos diferentes y con una participación diferente. Miss Carbón conectó Argentina con España; el proyecto se hizo entre los dos países y la historia está basada en hechos reales. Carla existe y formó parte de los rodajes, y mi personaje, Marcela Chocobar, también. Representar una historia tan triste fue duro al principio. Como mujer trans, conocer cómo fue el transfemicidio que sufrió Marcela fue un golpe muy grande para la comunidad de Río Gallegos. Así que fue con mucho respeto y orgullo representarla.

Mi querida señorita fue diferente. Patricia era una mujer dura, luchadora. Creo que entre un set y otro simplemente se transita. Yo personalmente vivo y disfruto cada rodaje, pero sin duda en cada set te llevas algo del anterior, sobre todo experiencia y buenos amigos.

NF — Mi querida señorita recupera un clásico de 1972 desde una mirada contemporánea. ¿Qué te interesó de formar parte de esa relectura y qué crees que aporta hoy que el original no podía aportar?

DB — Sinceramente, no conocía ese maravilloso clásico de 1972, así que fue un hermoso descubrimiento. José Luis López Vázquez hizo una interpretación majestuosa de Adela. Había leído que fue un desafío para él como actor, y también tuve la oportunidad de conocer en persona a la maravillosa Julieta Serrano, que en un principio iba a formar parte de la versión de 2026.

Creo que seguirá siendo un clásico, pero muy adaptado a aquella época, en la que todavía no se podían hacer referencias a temas como la intersexualidad. Como dice Fernando González Molina, director de la versión de 2026, fue hija de su tiempo.

Así que, cuando me llegó el proyecto, después de varias pruebas de casting, de ver la versión de 1972, leer el guion de Alana Portero y saber que venía de la mano de Los Javis, fue una enorme alegría formar parte de él. Sabía que la nueva versión podía contar lo que no se pudo contar antes: una historia dura de una comunidad desconocida para muchas personas, incluso hoy en día. Esta nueva versión aporta claridad a lugares oscuros que tiene la original y, sobre todo, visibilidad.

Construir lo que no vemos

NF — Interpretas a Patricia en Mi querida señorita y a Marcela en Miss Carbón. ¿Por dónde empiezas a construir un personaje que ocupa un espacio más breve dentro de una historia coral? ¿Qué necesitas saber de él para que exista más allá de sus escenas?

DB — Después de leer el guion completo, empiezo siempre por preguntarme quién es esa persona cuando la cámara no está sobre ella. En el caso de Marcela, investigué sobre su historia: qué vida tiene, qué desea, qué teme, qué relaciones tiene y qué cosas ha vivido que quizá nunca llegamos a conocer en la película.

Me interesa construir toda esa parte invisible, porque siento que es lo que finalmente hace que el personaje tenga verdad cuando aparece en pantalla. Cuando el personaje tiene un espacio más breve dentro de una historia, para mí es todavía más importante. No tienes tantas escenas para explicar quién es, así que todo tiene que estar muy presente en pequeños detalles: una mirada, una manera de moverse, de escuchar, de relacionarse con otro personaje o incluso de quedarse en silencio.

En el caso de Patricia, ella usaba unas muletas y tenía un problema degenerativo en una pierna, así que además de su historia también fue un trabajo corporal que tenía que naturalizar. También necesito entender qué lugar ocupa dentro de la historia y qué transforma o provoca en los demás.

Patricia tenía una relación muy de madre con Adela en Mi querida señorita, así que recordé a las madres trans que nos apadrinan cuando comenzamos nuestra transición, esas madres que vivieron épocas duras y fueron fuertes ante tanta discriminación.

Tampoco pienso que porque un personaje aparezca menos tenga que estar menos construido. Al contrario, intento imaginar todo lo que ha sucedido antes de que aparezca y todo lo que seguirá sucediendo después de que se vaya.

Para mí, construir un personaje es darle una vida que existe, aunque el espectador no llegue a verla.

El teatro como escuela

NF — Empezaste en el Teatro San Martín y has pasado por obras como Pitón Bebé o Reprogramación. ¿Qué te enseñó el teatro que no te haya enseñado ningún rodaje?

DB — ¡Qué linda pregunta! Me encanta cuando son sobre el teatro y, sobre todo, cuando me nombran esas dos obras.

Para mí, el teatro es inspirador. Te enseña a vivir el momento, a meterte tan adentro del personaje y de la historia que te olvidas de todo lo demás. Nosotros, como actores o actrices, somos solo un vehículo de esas historias.

El teatro intensifica las emociones, te hace ahondar muy profundo en el corazón del personaje y, en lo personal, fue una de mis grandes enseñanzas como actriz.

Entré al Teatro San Martín por recomendación de mi padrino actoral, Osvaldo Sabino, escritor y director de teatro. Yo venía de estudiar danza clásica y contemporánea y tenía algo de interpretación, pero más que nada física. Antes de Pitón Bebé y Reprogramación vino Presas de la vida, que él dirigía, así que me mandó a clases del San Martín. Mientras estudiaba, ensayaba mi primera obra de teatro. Fue estudiar y trabajar, una experiencia que me dio mucha fortaleza.

Estar en el escenario sin salir del personaje, sostener una escena, improvisar y repetirla durante meses es algo totalmente diferente a un rodaje. Ambas experiencias te enseñan algo diferente.

Los rodajes te enseñan a tener paciencia. Todo está mucho más fragmentado: puedes rodar una escena desde muchos planos diferentes, repetir un gesto muchas veces, empezar por el final de una emoción y después volver al principio.

El teatro me enseñó a llenar el espacio; el cine me está enseñando a habitarlo.

NF — Hablas de una formación con directores de la escena argentina. ¿Qué te llevaste de ellos que sigas usando hoy y qué has tenido que desaprender al trabajar en España?

DB — De los directores con los que me formé en Argentina me llevé, sobre todo, una manera muy intuitiva y física de acercarme al personaje. Aprendí a no quedarme solamente en lo que dice el texto, sino a preguntarme qué hay debajo: qué quiere el personaje, qué está evitando, qué está pensando mientras escucha al otro.

También aprendí a relacionarme con mi compañero de escena y a confiar mucho en el ensayo, en la búsqueda y en el error.

Creo que eso todavía está muy presente en mi trabajo. Me gusta llegar preparada, pero también dejar un espacio para que algo aparezca en el momento, para que el personaje hable por sí solo y se descubra sin pensarlo.

Trabajar en España me enseñó, en cambio, a desaprender algunas ideas que tenía muy incorporadas. He aprendido que muchas veces puedo quitar en lugar de añadir. Que una pausa, una mirada o simplemente escuchar también pueden ser una acción.

Y creo que ese proceso ha sido muy enriquecedor: no siento que haya tenido que abandonar una forma de trabajar para adoptar otra, sino aprender a tener más herramientas.

Imagen, identidad y representación

NF — Eres actriz, diseñas y trabajas la imagen. ¿Dónde empieza una cosa y dónde termina la otra? ¿Se contaminan o las mantienes separadas?

DB — En ningún lado (ríe). Todas juntas, pero también por separado.

Comencé estudiando danza a los 15 años. Diseñaba mi propia ropa y mis propios vestuarios para bailar. Siempre me gustó expresarme con la imagen. Antes de mi transición era gótica, así que la ropa era parte de mi expresión. Cuando hice mi transición también tuve que trabajar mi imagen, no solo físicamente.

Mi madre y mi abuela siempre fueron muy coquetas. Creo que desde pequeña me fijé en la imagen y en la moda. Cuando comencé con el teatro me di cuenta de que todo eso que había aprendido sobre imagen, moda y expresión me servía para crear mis personajes, para darles forma.

NF — Con Protagonistes exploraste la identidad y la representación a través de la moda inclusiva. ¿Por qué la ropa es un lugar tan potente para contar quiénes somos?

DB — Creo que la ropa es uno de los primeros lenguajes con los que construimos nuestra identidad. Antes incluso de hablar, ya estamos comunicando algo a través de cómo vestimos, de cómo ocupamos nuestro cuerpo y de cómo decidimos presentarnos ante los demás.

Para mí, la ropa tiene algo muy interesante: puede ser una herramienta de transformación. Puedes esconderte, protegerte, desafiar una norma o simplemente sentir que por primera vez estás viendo en el espejo algo que realmente se parece a ti.

En Protagonistes me interesaba justamente esa relación entre cuerpo, identidad y mirada. Porque cuando hablamos de moda inclusiva no debería tratarse solamente de hacer prendas para más tipos de cuerpos, sino de preguntarnos quiénes han tenido históricamente el derecho a sentirse representados, deseados y cómodos dentro de la moda.

Creo que la ropa es potente porque está entre lo íntimo y lo público. La eliges para ti, pero también sales al mundo con ella. Y en ese espacio entre cómo nos vemos y cómo nos ven los demás se construye una parte muy importante de nuestra identidad.

Hacia una representación más amplia

NF — Has formado parte de proyectos con historias y personajes trans, como Miss Carbón. ¿Qué ha cambiado, y qué no, en la forma en que la industria audiovisual piensa esos personajes desde que empezaste?

DB — Creo que han cambiado muchas cosas, sobre todo en términos de visibilidad. Cuando empecé, encontrar personajes trans dentro de determinados espacios de la industria era mucho menos habitual y muchas veces las historias estaban contadas desde una mirada marginal.

Hoy hay una mayor conciencia sobre la importancia de que esas historias existan y de que las personas trans también puedan formar parte de los equipos y de los procesos creativos. Y eso cambia mucho la manera de construir los personajes, porque ya no se trata solamente de representar una identidad, sino de permitir que esos personajes tengan una vida completa: que tengan deseos, contradicciones, humor, vínculos, conflictos… que puedan ser personajes y no solamente «personajes trans».

Pero creo que hay algo que no ha cambiado del todo: todavía existe cierta tendencia a que lo trans sea presentado como el tema central de un personaje, incluso cuando podría ser simplemente una parte de quién es.

También sigue siendo importante que haya diversidad dentro de la propia representación, porque no existe una única manera de ser trans.

Para mí, el verdadero avance está en que podamos llegar a un punto en el que un personaje trans pueda estar en una historia sin que necesariamente toda la historia tenga que explicar qué significa ser trans.

NF — ¿Qué papel te gustaría que llegara y aún no llega? ¿Qué tipo de personaje sigue siendo difícil de encontrar en los guiones que recibes?

DB — Te diría que soy una fanática del cine de terror, así que me encantaría que llegara un personaje en una película de terror. Siempre quise ser la víctima del asesino a la que corren por el bosque y que termina venciéndolo (ríe).

Nuevos personajes, nuevos lugares

NF — Segunda temporada llega a Filmin. Sin desvelar nada, ¿qué reto te ha planteado este proyecto?

DB — Lo lindo de este personaje es que aquí no hago un personaje trans. Soy la novia del protagonista y en ningún momento se hace alusión a eso.

Segunda temporada me planteó, sobre todo, el reto de trabajar desde un lugar muy diferente al que había explorado en otros proyectos, sinceramente mucho más relajada. Me interesaba mucho la propuesta porque tiene una manera particular de acercarse a los personajes y a sus relaciones.

NF — Para terminar, ¿qué película, obra, exposición, libro o diseñador has descubierto hace poco y recomendarías a los lectores de NouArte?

DB — Últimamente estoy viendo cine asiático. Bi Gan me parece un director de cine mágico y poético. Su última película, Resurrection, es una fantasía. Su fotografía, su música y las referencias al cine mudo que utiliza me parecieron maravillosas.

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