Con apenas unos proyectos en su trayectoria, Manel Duarte se ha convertido en uno de los rostros emergentes del audiovisual español. Su participación en Oasis, una de las series más vistas de Netflix, ha supuesto un punto de inflexión en una carrera que hasta hace poco compaginaba con los estudios de Biología.
Lejos de dejarse llevar por la rapidez con la que avanza la industria, el actor afronta este momento con serenidad y una mirada muy personal hacia la interpretación. En esta conversación con NouArte, reflexiona sobre el éxito inesperado de Oasis, la construcción de su personaje, la importancia de la música en su proceso creativo y el deseo de seguir creciendo sin perder nunca la curiosidad.

Artista: Manel Duarte
Entrevista: Nerea FerGom
Fotografías: Manuel Fernández Valdés
Agradecimientos: Francina Actors
Oasis te ha dado una enorme visibilidad internacional y ha llegado a situarse entre las series más vistas de Netflix. ¿Cómo estás viviendo este momento tan inesperado al inicio de tu carrera?
La verdad es que lo estoy viviendo con muchísima felicidad y con los pies en el suelo. Es curioso porque sigo estando tranquilo en mi pueblo, con mi día a día de siempre, y de repente hay gente que conozco desde hace toda la vida que me dice que ha visto la serie. Eso es algo muy bonito y que jamás me imaginé cuando empecé a dedicarme a esta profesión.
También estoy recibiendo muchísimos mensajes de cariño y apoyo a través de las redes sociales, y cada uno de ellos me hace sentir muy agradecido. Es un momento muy especial que intento disfrutar con calma, sin perder la perspectiva y valorando cada parte del proceso.
Mientras rodabas la serie terminabas también la carrera de Biología. Son dos mundos que parecen muy distintos. ¿Qué te ha enseñado esa doble formación?
Creo que, sobre todo, me ha enseñado a organizarme y a no frustrarme. Compaginar un rodaje con la universidad te obliga a ser muy ordenado con el tiempo y a dar el máximo en cada cosa que haces, porque no puedes permitirte ir a medias ni en una ni en otra.
Además, me ha hecho perder el miedo a salir de mi zona de confort. Aunque parezcan disciplinas completamente opuestas, en realidad se complementan mucho. La ciencia me ha dado una forma de pensar más estructurada y analítica que también aplico al trabajo interpretativo, mientras que la interpretación me ha permitido desarrollar una sensibilidad y una conexión con las emociones que también enriquecen mi mirada científica.
Al final he descubierto que no hay que elegir entre ser racional o ser artístico. Se puede ser ambas cosas al mismo tiempo.
Pablo llega en un momento clave dentro de Oasis. ¿Qué fue lo primero que entendiste del personaje y qué querías aportar tú que no estuviera escrito en el guion?
Lo primero que entendí fue que no podía interpretarlo como un simple villano ni como alguien fácil de juzgar. Lo que quería aportar era precisamente su parte más humana.
Aunque tome decisiones que pueden resultar cuestionables, me interesaba que el espectador pudiera comprender de dónde vienen, entender su cansancio, su preocupación por su pareja y por su familia, e incluso percibir el arrepentimiento que hay detrás de muchas de sus acciones.
Intenté transmitir todo eso muchas veces sin necesidad de palabras, únicamente a través de una mirada o de un silencio. Creo que ahí aparece la verdadera contradicción del personaje: ese conflicto constante entre lo que hace y lo que realmente siente.
También compones música. ¿Hasta qué punto esa faceta alimenta tu manera de interpretar?
Muchísimo.
Durante muchos años intenté reprimir bastante mis emociones porque pensaba que así afrontaría mejor los retos de la vida. Sin darme cuenta, aquello también me alejaba de una parte importante de mí.
La música se convirtió en el lugar donde podía volver a conectar con todo eso. Pasar una tarde con la guitarra significa detenerme, escucharme y viajar por mis propios pensamientos. Creo que ese ejercicio de conocerte a ti mismo es fundamental para cualquier actor.
Para interpretar de verdad necesitas conectar con lo que sientes y no intentar esconderlo. Esa conexión emocional es la que después me permite construir personajes como Pablo.

Vienes de proyectos más pequeños y ahora das el salto a una producción internacional. ¿Qué diferencias has encontrado entre ambos procesos?
La diferencia ha sido enorme.
Venía de hacer cortometrajes, videoclips y algún anuncio, así que pasar de rodar en el piso de un estudiante a trabajar en un resort o en un plató de dos plantas fue impresionante.
Más allá de la dimensión de la producción, cambia absolutamente todo: el tamaño del equipo, la logística, la planificación o el nivel de exigencia técnica.
De los proyectos pequeños me llevo la capacidad de resolver problemas con muy pocos recursos y de aprender un poco de todas las áreas. De una producción tan grande he aprendido la importancia de la disciplina, la profesionalidad y el trabajo colectivo. Entiendes la cantidad de personas que hay detrás de cada escena y aprendes a mantener la concentración incluso cuando todo funciona a una escala muchísimo mayor.
Creo que ambas experiencias son necesarias y se complementan perfectamente.
En un momento en el que todo sucede tan deprisa —estrenos, redes sociales, exposición—, ¿cómo consigues mantener los pies en el suelo?
La familia tiene mucho que ver con eso.
Volver a casa y estar con la gente que me conoce desde siempre hace que todo vuelva a su sitio. Ellos son quienes realmente me recuerdan quién soy.
Además, durante todo este tiempo he estado muy centrado en terminar y presentar mi Trabajo de Fin de Grado, así que entre eso y mi rutina habitual apenas he tenido tiempo para obsesionarme con la exposición pública.
Creo que mantener responsabilidades y seguir viviendo con normalidad ayuda mucho a no perder la perspectiva.
Como espectador, ¿qué historias te gustaría contar en el futuro?
Estoy muy abierto a cualquier género.
Más que un tipo concreto de historia, lo que realmente me interesa son los personajes con capas, con contradicciones, que tengan un recorrido emocional complejo, como me ocurrió con Pablo.
Si el día de mañana puedo formar parte de historias así, ya sean dramas, comedias o cine de autor, me sentiré igual de afortunado.
Si pudieras elegir un director o directora con quien trabajar, ¿quién sería?
En España me encantaría trabajar con Rodrigo Sorogoyen.
Me fascina su manera de construir la tensión desde los personajes, esa capacidad para generar incomodidad y verdad al mismo tiempo. Películas como El Reino o As bestas representan exactamente el tipo de cine que me gustaría hacer.
A nivel internacional elegiría a Denis Villeneuve. Su forma de construir atmósferas y de contar historias a través del silencio y de la imagen me parece fascinante.
Tu trayectoria acaba de empezar, pero ya transmite una gran curiosidad por aprender. ¿Necesitas seguir explorando disciplinas para crecer como artista?
Totalmente.
Creo que un artista nunca deja de aprender y que la curiosidad es el verdadero motor de todo.
Para mí la ciencia, la música y la interpretación no son compartimentos separados, sino herramientas que se enriquecen unas a otras. Cada disciplina te ofrece una manera distinta de observar el mundo y eso termina apareciendo también en tu trabajo como actor.
El día que deje de sentir curiosidad será el día que deje de crecer.
En NouArte siempre nos gusta mirar hacia el futuro. ¿Cómo te gustaría que el público recordara a Manel Duarte dentro de diez años?
Me gustaría que me recordaran como alguien coherente, que hizo las cosas a su manera y que nunca sintió la necesidad de elegir entre las distintas pasiones que forman parte de su vida.
Ojalá puedan ver en mí a un actor comprometido, que intentó aportar verdad y humanidad a cada personaje, pero también a una persona que nunca dejó de aprender, de explorar nuevos caminos y de asumir riesgos.
Más que por un papel concreto, me gustaría que quedara la sensación de que fui honesto conmigo mismo en cada decisión que tomé y que nunca tuve miedo a equivocarme.
También te puede interesar
Patricia Ortega y Zack Gómez-Rolls: «Necesitamos crear nuevos referentes, no solo contar el rechazo»
Entrevista | Edu Rejón: «Contar historias nos une y nos mantiene vivos»
Lisi Linder “La vulnerabilidad es uno de mis propósitos como actriz”
Entrevista a Anaïs Pareto Directora de 33 Días
Entrevista | Afioco Gnecco: “Las historias trans no hablan solo de identidad, hablan de amor, amistad y de cómo sobrevivimos gracias a quienes nos sostienen”