“Invisible es una obra que no te deja respirar y te obliga a mirar de frente lo que muchas veces evitamos”
En Invisible, la emoción no se interpreta: se atraviesa. El actor Javi Morán se enfrenta a uno de esos personajes que exigen cuerpo, voz y verdad en estado límite. Hablamos con él sobre el proceso, el impacto del público joven y la necesidad urgente de contar historias sobre el acoso.

NEREA FERGOM: ¿Cómo es participar en Invisible y cómo recibiste el proyecto?
JAVI MORÁN: Fue una sorpresa total. De esas cosas que haces casi sin pensarlo demasiado. Pero la verdad es que es un personaje muy complejo y muy grande, y lo estoy disfrutando muchísimo, aunque suene contradictorio.
¿Qué fue lo primero que te atrapó de la historia?
El uso de la ficción. Ese recurso de los dragones, del imaginario casi de cómic, como vía de escape. Me parece una de las cosas más potentes: cómo la fantasía funciona como refugio ante una realidad muy dura.
La obra tiene una gran carga física y emocional. ¿Cómo te preparas y cómo terminas cada función?
Me preparo casi como si fuese a jugar. Hay muy buen ambiente en la compañía y necesitamos relajar el cuerpo porque lo que ocurre dentro es muy intenso.
Una vez empieza la función, todo va solo si te dejas afectar.
Y cuando termino… vacío absoluto. Solo quiero cenar y dormir.

¿Qué hace diferente la forma en la que Invisible aborda el bullying?
El nivel de detalle. Señala todos esos momentos en los que alguien podría haber hecho algo y no lo hizo.
Además, al ser tan narrativo, genera una distancia que lo hace más analítico en ciertos momentos. Eso golpea mucho más al espectador.
¿Sigue siendo difícil hablar del acoso hoy?
Sí, porque seguimos sin tener herramientas.
Lo vemos en los coloquios con institutos: les cuesta muchísimo hablar. Se ríen en momentos duros por incomodidad.
Pero cuando alguien se atreve a compartir su experiencia, ahí ocurre algo muy potente.
¿Cómo está siendo el encuentro con el público joven?
Muy bonito.
Por la mañana vienen institutos y cuesta al principio, pero la función les atrapa rápido.
Por la tarde, sorprende ver muchos niños más pequeños con sus familias.
En cuanto empieza la obra, se hace el silencio y conectan completamente.

¿Alguna experiencia con el público que te haya marcado?
En Málaga, varios chicos compartieron testimonios personales con una naturalidad impresionante.
Uno en concreto habló de haber sufrido violencia en casa y bullying, pero desde un lugar de superación.
También hay momentos más espontáneos, como las reacciones del público en escenas concretas, que son muy intensas.
Desde dentro, ¿cómo gestionas una obra tan tensa y silenciosa?
Mi personaje es muy físico y no tiene casi pausas, así que lo vivo de forma distinta.
Eso tiene algo positivo: no te da tiempo a desconectar. Estás completamente dentro todo el rato.
¿Ha cambiado tu forma de mirar la realidad después de esta obra?
Sí, aunque luego llevarlo a la práctica no siempre es fácil.
Reconoces situaciones, pero actuar en la vida real sigue siendo complicado. El miedo que tienen los personajes también existe fuera del escenario.

¿Qué le dirías a alguien que se ha sentido invisible?
Que lo cuente.
Que hablar es el primer paso para salir de ahí. A amigos, familia, profesores… a quien sea.
El silencio es lo que mantiene el problema.
¿Por qué no deberíamos perdernos Invisible en el Teatro de la Abadía?
Porque es una obra que no te deja respirar.
Te mantiene en tensión constante, pero también tiene momentos de belleza.
Sales tocado, pero con ganas de vivir.
Para terminar, ¿alguna recomendación cultural?
Me gustó muchísimo Una batalla tras otra.
Es una de esas películas en las que te quedarías a vivir dentro de su universo.